Hasta no hace mucho me he jactado de definir mi iPad como mi “ordenador de sobremesa”; era mi equipo principal en casa ya que simepre estaba disponible “sobre la mesa del salón” o “sobre la mesilla del dormitorio”.
Ya sé, es un chiste muy malo pero que ejemplifica a la perfección el uso que le estaba dando a mi tablet. El caso es que en los últimos meses las cosas han ido cambiando.
Comencé llevándome de viaje el iPad como único equipo, dejando el netbook en casa. 10 días que pasé en Egipto bastaron para darme cuenta de lo mucho que puede ofrecer este equipo que, aunque su conectividad se limita al wifi, cada vez es más fácil encontrar puntos de acceso abiertos, además su rapidez a la hora de abrirlo y comenzar a trabajar le dan muchos puntos.
Otro factor que ha sido muy beneficioso es la llegada del IOS 5 y la capacidad de compartir la conexión desde el iPhone lo que me permite tener conectividad en el iPad desde casi cualquier lugar.
Los principales usos en movilidad de mi iPad son básicamente los mismos que en casa: navegación web, lector de feeds (online con Reeder y ofline con ReadItLater), mail, lector de revistas, comics y documentos (Goodreader, que también uso para preparar posts para el blog) y plataforma de entretenimiento con multitud de juegos disponibles.
Recientemente he probado a reutilizar el teclado inalámbrico de mi iMac (sustituido por uno USB con teclado numérico) llevándolo junto al iPad en la bolsa de mi netbook (heredado por mi madre) que también estoy reciclando. La experiencia de bloguear con este teclado en una cafetería con wifi es treméndamente cómoda ya que tego un equipo completo y bastante ligero para llevar encima y usar en mi día a día.
Como véis son muchas las posiblidades de este magnífico tablet tanto en casa como equipo de mobilidad … y otras que espero ir descubriendo ¿sugerencias?
Pues sí, señores, sé que llevo una eternidad sin escribir en este humilde blog, y el caso es que no me faltan excusas que daros pero sé que ninguna os satisfaría.
Me motiva mucho el hecho de ver las estadísticas de este blog y darme cuenta de que tiene un público bastante fiel que aún encuentra útiles los más de doscientos post publicados y que me reclaman más.
El caso es que he decidido administrar mi tiempo de otra manera dando una posición primordial a mi gran aficción en los dos últimos años que es la fotografía, por lo que mi “actividad blogueril” se ha visto limitada a mi blog de fotografía. Pero es un tema que prentendo corregir.
No os voy a engañar, no pretendo llevar los dos blogs en paralelo de forma diaría ni garantizo ningún tipo de regularidad; todo dependerá del tiempo y las motivaciones que tenga en cada momento. Lo que sí que os debo aclarar es que es probable que los artículos púramente técnicos y las recetas apenas aparezcan centrando la temática del blog en el día a día de un geek.
Y es que sigo siendo geek; mi interés y curiosidad por la tecnología siguen muy vivos, no tan focalizados en linux y software libre, pero sí con muchos gadgets, compras, opiniones, y eso es justo lo que espero compartir con vosotros de ahora en adelante.
Por supuesto, las preguntas, dudas, críticas, correcciones, opiniones y sugerencias son más que bienvenidas.
Tras el desastre que os relaté ayer, opté por la sustitución del teléfono en la Apple Store. 199€ es un dinero pero prefería gastar un poco más y asegurarme que el smartphone al que me he acostumbrado tanto vuelve a estar funcional al 100% sin preocupaciones; además tener teléfono nuevo tras 5 meses de uso hace que la diferencia de precio se vea de otra manera.
Lo primero era reservar hora en la Genius Bar de la Apple Store. A través de la web algo realmente sencillo y rápido.
Antes de ir a la tienda era imperativo sincronizar el iPhone para realizar una copia de seguridad que luego restauraríamos en el nuevo iPhone de reemplazo.
Luego tocaba el paseo al CC Xanadú (a ver si abren pronto la tienda en el centro de Madrid). Llegué pronto y pregunté si podían atenderme antes, pero al ser sábado no había horas libres y me tocaba esperar. Por suerte un viejo amigo y follower se enteró que estaba en el centro comercial, al igual que él, así que se pasó por la Apple Store a saludarme, tuvimos una animada charla que me hizo más corta la espera (además casi le metí el gusanillo de comprarse un iPad …)
Al llegar mi turno se me acerco un Genius (muy amable, por cierto) quien nada más ver mi cara y mi iPhone entendió el problema y me explicó el procedimiento de reemplazo (y el precio). Antes revisó el número de serie del teléfono (comprado en esa misma tienda), comprobó que solo estaba dañado el cristal y me preguntó acerca de cómo fue la caída y si llevaba la carcasa puesta (por supuesto que sí).
Me comentó que sería interesante tener el applecare para el iPhone, aunque al preguntarle me confirmó que accidentes como este quedaban fuera de cobertura. Le dije que para mi iMac por supuesto que pagué la extensión de garantía pero que no le veía utilidad para mi iPhone o mi iPad. Una vez más lamentó mi mala suerte y se fue al almacén a por el teléfono de reemplazo.
Al venir con el nuevo teléfono y los documentos necesarios para firmar me informó que, dado que era la primera vez que me pasaba, iban a hacer una excepción y hacerme la sustitución del iPhone 4 de forma TOTALMENTE GRATUITA. Os podéis imaginar mi cara de felicidad y mi inmenso agradecimiento a la persona que me atendió.
Desconozco los detalles que le hicieron tomar la decisión: si era por tener más artículos de Apple (iPod Touch, iPad, iMac), por haber ocurrido el accidente con la funda puesta, o solo porque le caí simpático. El caso es que solo tengo palabras de agradecimiento, tanto a mis followers de Twitter que tan bien me aconsejaron, a la persona de Apple que tan bien me atendió por teléfono, y especialmente al Genius que me atendió en la tienda (lamento no recordar el nombre) quien no solo fue tremendamente amable en el trato, sino también muy profesional en sus explicaciones y consejos.
Luego, ya en casa, actualicé el iPhone 4 a la última versión de IOS y recuperé la copia de seguridad de esa mañana. En menos de una hora tenía el teléfono totalmente recuperado quedando todo esta aventura en un mal sueño.
A modo de conclusión no quiero extenderme en reflexiones acerca de si Apple es o no caro, o si la calidad en el producto y el servicio de post-venta se paga o no. Solo os diré que, personalmente, tengo un motivo más para estar satisfecho con las compras que he realizado a esta marca. Apple ahora me parece un poco “menos caro”.
El pasado viernes al irme a la cama tuve la desgracia de ver cómo mi iPhone 4 se me caía de entre mis dedos con tan mala fortuna que dio contra el suelo de forma plana con el cristal frontal resultando este quebrado con multitud de grietas.
Tras la desesperación inicial, comprobé que el teléfono seguía funcionando perfectamente y que lo único roto era el cristal protector, lo que hacía que la experiencia de usuario fuera muy molesta.
Tras consultar en foros y en twitter, vi que tenía varias opciones para afrontar este desastre:
- Comprar en internet un kit de reparación/sustitución del cristal. Esto lo descarté ya que, aunque era de largo la opción más económica, vi que el procedimiento de reparación exigía ser bastante manitas y no quería arriesgarme (al margen del tiempo de espera del envío del kit).
- Dirigirme a un SAT para que ellos me cambiaran el cristal. Llamé a un par de ello encontrando el mejor precio en unos 140€ y me garantizaban que lo tenían hecho de un día para otro.
- La Apple Store de Madrid/Xanadú (también podía hacerse por Internet). Según me informaron amigos por twitter y confirmarlo al llamar a la tienda, el procedimiento consistía en reservar hora en la Genius Bar vía web y desplazarme a la hora acordada a la tienda para que uno de los genius comprobara el teléfono y, en lugar de cambiar el cristal, me sustituyeran mi dolorido iPhone por uno totalmente nuevo. Todo ello por 199€
Tras reflexionar me decanté por la opción más segura, conservadora y cara: la Apple Store (…continuará)
Tal y como os prometí, hoy os voy a contar cómo es un día en mi vida mientras que procuro arreglarle un poco las cosas al friki este.
Como siempre me despierto el primero, soy el encargado, merced a una alerta programada en mi reloj, de despertar a Antonio. Afortunadamente no tarda en apagarme (no me gusta nada el tono de alarma de campanas que ha elegido).
Normalmente duermo sobre la mesilla del dormitorio mientras que me cargo con un cable que hay siempre conectado aunque, lo cierto es que me cuido bastante y apenas debo recargar baterías una vez cada 48 horas.
Durante el afeitado y la ducha de Antonio estoy acoplado a una base JBL reproduciendo podcasts (este hombre los devora); algunos hablan de mí (no siempre bien) pero personalmente prefiero los de ciencia o historia.
Antonio toma el desayuno delante del iMac revisando feeds y twitter, momento en que aprovecha para descargar nuevos podcasts en iTunes con los que cargarme. También para ver algún videocast de los cortos.
De camino al trabajo voy reproduciendo podcasts (Antonio siempre lleva alguno puesto mientras caminamos por Madrid. En el metro, entro en competencia con el Kindle que Antonio utiliza para leer sentado o de pié en el vagón.
En la oficina mis principales funciones son como teléfono pelado (vaya atraso) y con alguna aplicación de chat como Skype o Whatsapp. Mi calendario, sincronizado con gmail y con el outlook del trabajo, resulta de primera necesidad.
Los días que Antonio almuerza solo ahí estoy yo, dándolo todo, apoyado en la mesa del restaurante reproduciendo capítulos de series o algún videocast (documentales o fotografía).
En el camino de vuelta del trabajo no le suele apetecer leer demasiado, así que nuevamente mis servicios de internet en movilidad con twitter y el lector de RSS (y también vídeos o podcasts) le acortan a Antonio el regreso en transporte público. En ocasiones, conectado a Evernote, se dedica a preparar nuevos posts para el blog. Algún juego usa también, aunque no tan frecuentemente.
Si nos desviamos de la rutina y vamos a algún otro lugar mi GPS muestra todo su pontencial y, junto con aplicaciones como la del metro, mapas, o autobuses hago que nos ahorremos mucho tiempo
Al llegar a casa por la tarde, me relajo nuevamente, dejando que sea mi hermano mayor, el iPad quien lleve el peso del acceso a Internet de Antonio; solo mis funciones como teléfono, o el Whatsapp son requeridas.
Al llegar la hora de ir a la cama El kindle y el iPad tienen preferencia, aunque si aparece el mono de la serie de turno soy yo quien acompaña a este “elemento” hasta que cierra los ojos.
Como habéis podido leer, no son muchos los usos que hace de mi Antonio, aunque, he de reconocer que en apenas tres meses que llevamos juntos, el tipo este ha ido mejorando poco a poco en el uso de un dispositivo tan avanzado y lleno de posibilidades como yo, así que tendré que darle una oportunidad …
Como ya muchos sabréis, aparte de ser mi cumpleaños, hoy se presenta el iPad 2 de Apple, el dispositivo que está llamado a ser, con permiso de Android, el nuevo rey de los dispositivos portátiles de consumo.
Sé que esta afirmación hará que muchos os llevéis las manos a la cabeza y queráis entrar en discusión sobre qué dispositivo es mejor para usar en movilidad.
Hoy solo quiero describiros cómo veo yo hoy esa parte importantísima de la informática pública o de consumo, y cuál es la verdadera razón que hace que nos decantemos por una u otra solución. La respuesta es simple: nuestras necesidades en cada momento.
En mi caso, mi relación con la movilidad comenzó hace algo más de 10 años con la adquisición de mi primer portátil un Pentium III clónico que me provocó bastantes dolores de espalda merced a los casi 5Kg. que implicaba cargar con equipo, bolsa, cables y cargador. Y lo cierto es que, debido a lo mucho que me movía, lo necesitaba, y os garantizo que le saqué partido.
Tres años después adquirí otro portátil, este de marca, con unas generosas 15″ y aún así de menor peso que el anterior. El caso es que este equipo apenas lo moví y funcionó al 90% como un equipo de sobremesa; vivía ya en Madrid y mis necesidades habían cambiado: tenía ordenador en casa y en mis dos oficinas; además viajaba mucho menos.
En estas llegó el boom de los ordenadores ultraportátiles. Yo fui uno de los primeros que se animó a comprar en China un Asus EEE PC de 7″. Aquí las cosas cambiaban bastante; aún sin necesitarlo tan a menudo, lo llevaba conmigo a todas partes, y ciertamente le sacaba un buen uso. Probablemente este pequeño fue el responsable de un notable aumento en la frecuencia de posteo en el blog en esa época.
Hace casi tres años me decidí a actualizarme a otro ultraportátil; esta vez 10″ y un mayor teclado se hacían muy necesarios. Al principio el uso fue frecuente, pero viviendo en una gran ciudad (con mucho tiempo en transporte público) y con un trabajo en el que los viajes eran esporádicos, poco a poco el uso fue cayendo. Hoy en día este equipo apenas lo uso para las guardias de mi trabajo (por no llevar el mastodonte de la empresa).
Buena parte de la culpa del actual abandono de mi ultraportátil la tienen el iPad y el iPhone, es decir, mi tablet y mi smartphone. Con esto quiero decir que podrían haber sido de otra marca, pero el caso es que elegí, (tras probar, reflexionar y comparar) los dispositivos de Apple y estoy muy contento y satisfecho con ellos, no porque sean super-potentes o hiper-versátiles, sino porque cubren mis necesidades dándome oportunidad de descubrir otros usos.
Realmente mi dispositivo de movilidad es el iPhone ya que me da justo lo que necesito estando fuera de casa. El iPad se ha convertido en mi equipo de sobre-mesa, es decir está siempre encima de la mesa del salón o en mi mesilla del dormitorio; lo uso para la parte más relajada de mis actividad en internet (feeds, aplicaciones con información, prensa, lectura de revistas, revisión de fotografías, juegos, etc). Por supuesto el iMac se mantiene como equipo principal en casa, pero no es el único.
Muchos compañeros geeks maqueros han reemplazado el iPad (o incluso sus equipos de sobremesa) por el MacBook Air, y lo entiendo, son profesionales o avanzados usuarios de informática y sus necesidades hacen que les resulte más últil un equipo con teclado, sin pantalla táctil, y más potente.
Pero lo cierto es que la mayoría de usuarios no son expertos, por lo que sus requerimientos son menores; quieren algo sencillo, fácil de usar, y también, por qué no, con cierto valor estético. Pienso que el verdadero mercado del iPad es justo la gente con necesidades básicas o sencillas como niños pequeños y mayores, grupos normalmente alejados de la informática y que gracias a dispositivos como el iPad acceden a ella de una forma sencilla y bastante intuitiva.
Hay otros ámbitos en los que poco a poco se empiezan a ver tablets, sobre todo empresas en la que se quiere reducir el uso del papel como consultoras, bufetes, políticos, incluso compañías aéreas que en breve harán que sus pilotos sustituyan las montañas de papeleo y manuales por este sencillo dispositivo,
Puede que el iPad 2 que seguramente veremos esta tarde no sea un boom, pero teniendo en cuenta lo geniales que parecen los tablets de otras marcas recientemente presentados en el Mobile World Congress, quiero ver qué tiene preparado Apple, pionera en este campo que ademas cuenta con un año de experiencia y millones de ventas de ventaja.
Personalmente me quedaré con mi iPad wifi 16GB (el más básico de la gama iPad original), y es que no necesito más … quién sabe en el futuro.
En anteriores posts ya os he expuesto mi total rechazo ante esta actitud de fanatismo acérrimo que muestran algunos usuarios de tecnología.
En primer lugar porque ser fanático de algo es renunciar de antemano a la crítica de aquello a lo que nos obligamos a admirar; y también se adquiere un estúpido compromiso de criticar todo aquello que es opuesto o hace competencia a nuestro tótem fanboy.
En tecnología, salvo en el caso del software libre, todos los fanboys lo son de empresas; Apple, Microsoft, Google (sí, Android es software libre, pero su desarrollo está controlado por Google y su software instalado en equipos con los que diversas empresas ganan dinero), RIM/BlackBerry o Nokia, son solo algunos ejemplos del servilismo de ciertos usuarios que se limitan sus opciones en el mundo tecnológico a una sola empresa a la que adoran con conductas propias del fanatismo religioso.
En ocasiones se llega a conductas tan tontas e infantiles como a la de criticar o ensalzar aquello que no se conoce o no se ha tenido la oportunidad de probar. No tener argumentos se acaba por convertir en el único argumento lo que hace que el fanboy se radicalice aún más convirtiendo las opiniones de otros fanboys, o de la publicidad de la marca en propias.
Adentrándonos en el infantilismo del fanboy podemos comprobar que, muy comúnmente, el fanatismo se radicaliza ante la necesidad de autoconvencerse o autojustificarse ante una compra: ‘puede que este gadget sea una mierda, pero como es “mi mierda”, es lo mejor del mundo y lo tuyo apesta’.
Fácilmente podemos comprobar que insultar o menospreciar productos contrarios, es algo que no se hace con idea de hacer proselitismo, sino de autorreforzarse en las propias ideas; tal ejercico de agresividad e intolerancia solo hace perder oportunidades de aprender y descubrir nuevas tecnologías y gadgets. Una lástima.
Tener libertar para probar y elegir debe empezar en nosotros mismos. Debemos ser capaces de tener la suficiente tolerancia y humildad para poder cambiar de opinión, y también debemos tener la suficiente curiosidad para interesarnos por otros gadgets diferentes al nuestro. En ocasiones descubriremos nuevas posibilidades que nos harán cambiar nuestra opinión, y en otras simplemente nos daremos cuenta que nuestra elección es la mejor opción en ese momento.
En mi modesta opinión la solución es bien fácil: tolerancia, humildad y curiosidad, sobre todo curiosidad, es decir ser un buen geek. Y es que el geek genuino es la figura que mejor se opone al del intolerante fanboy.
Así que, por favor, hagamos un esfuerzo todos por ser más geek, disfrutaremos mucho mas de los gadgets y de la tecnología en general.
Por fin os voy a dejar de “torturar” con esta serie sobre la fotografía, aunque, por supuesto, seguiré escribiendo sobre este tema de vez en cuando.
Para terminar quería acabar de responder a la pregunta que a todos nos asalta ante una nueva afición o hobbie: ¿por qué?
No creo que haya una sola, ni única respuesta tal pregunta; supongo que en mi caso la respuesta principal es que no he encontrado todavía ninguna disciplina que me llame tanto la atención y que aune de tal manera arte, técnica, gadgets, internet e informática; permitiéndome (y obligándome) además a ser geek “fuera de casa” participando en eventos, reuniones y viajes (sobre todo viajes).
Sé que no es un razonamiento con glamour ni excesivamente espiritual, y además bastante escueto, pero si os paráis a pensar, veréis cómo en el resto de posts de esta serie he ido desarrollando mi visión acerca de esas características de la fotografía que además son las que motivan y me llevan de la mano en este apasionante mundo.
Mi objetivo, por tanto, ha sido no solo mostrarte mi visión de la fotografía, sino compartir mis motivaciones para animaros a los que tenéis interés o al menos curiosidad por este arte.
Ya casi estamos llegando al final de esta serie sobre mi visión acerca de la fotografía; pero aún nos falta un paso muy importante: ver y mostrar el resultado de nuestro trabajo.
Y es que todo el esfuerzo en estudiar teoría y técnica, elegir materiales y motivos de fotografía, y procesar y preparar la fotos no tiene ningún sentido si luego no enseñamos las imágenes que hemos obtenido. Primero para ver nosotros mismos las fotos y después para que los demás puedan hacer lo propio.
A nivel personal es importante que el primer público de nuestras “obras” seamos nosotros mismos; esta es la única manera de poder entender nuestros puntos fuertes y, sobre todo, ver nuestros defectos. Conviene dejar pasar un poco de tiempo después del procesado de la fotografía (en la que ya hacemos una primera evaluación de nuestro trabajo) y la revisión posterior, con perspectiva, en la que conviene observar la foto con intención crítica, incluso intentando olvidar que nosotros somos el autor de la foto. Es conveniente que, a medida que avanzamos en conocimientos y experiencia, regresemos a ver nuestras fotos antiguas comparándolas con las más recientes para poder darnos cuenta y valorar nuestros progresos.
Mostrar nuestras fotos a otros es también importante ya que las críticas de los demás, sobre todo de gente con más conocimientos que nosotros, es una buena forma de seguir aprendiendo. Aquí tener una buena dosis de humildad es muy recomendable.
Por supuesto, siendo completamente honestos, no hay que olvidar el toque narcisista que supone el poder recibir halagos y agradecimientos de amigos, familiares y compañeros, esto nos infundirá ánimos para seguir adelante. De todas formas, como ya dije, hay que tener suficiente personalidad para aceptar, valorar y aprender de las críticas negativas.
También hay que evitar abrumar a nuestro público obligándole a ver nuestras fotos; para esto internet nos proporciona diversas herramientas en las que poder publicar nuestras imágenes permitiendo que la gente lo vea cuando quiera y al ritmo que quiera. Servicios como Picassa, Photobucket, Devianart o Flickr son servicios totalmente válidos. En mi caso uso Flickr con una suscripción de unos 25€ al año que me da algunas características adicionales.
Por último no hay que olvidarse de “hacer publicidad” de nuestras fotos; tener un blog o las diversas redes sociales (facebook, twitter, listas de correo, foros) son un buen instrumento para ello.
Dejo para el final de este post una de las principales fuentes de aprendizaje, ver fotos de los demás, especialmente de profesionales, en las que aprenderemos técnicas y tomaremos ideas e inspiraciones a la hora de hacer nuestras fotografías.
Bueno, estamos ya casi al final de esta serie de posts sobre la fotografía, solo queda responder a una pregunta ¿por qué? (… continuará)